etapa atmosférica

Reflejo la actitud de preocupación por los cambios de la naturaleza. Son imágenes de un mundo agitado por fenómenos naturales que avisan, tal vez de un fin de ciclo, mediante pinceladas muy fluidas y escasas de materia.  

En la materialización de los segundos, etapa atmosférica. busco imágenes y ordenamientos insólitos, para lo cual he de buscar el elemento irracional, sorprendente, por medio del azar. Éste ha de ser provocado y esperado y. para ello es preciso abandonar, en lo posible, toda imposición de la razón, desvincular mi mano de la conciencia para que aflore lo inconsciente y traduzca sus impulsos en el cuadro. Es parecido a lo que los surrealistas llaman automatismo psíquico.

Este elemento no racional se conquista gracias a un conocimiento del oficio y a una dedicación constante.

Nuestro inconsciente es mucho más rico y variado; el consciente, sin embargo, está  lleno de lagunas. La psiquiatría dice que lo inconsciente del ser humano equivale a la parte sumergida de un iceberg, del que sólo la parte vista por encima del agua equivale a lo consciente.

Por tanto creo necesario poner en comunicación ambas partes. La imagen definitiva pues, será el resultado de la suma de elementos, siendo los irracionales de importancia fundamental para mí. Y de la intervención de la intuición, pues solo ésta es capaz de tomar una vista directa e inmediata de las cosas. Y de la reflexión ayudada por mis conocimientos y experiencias.

La sociedad industrial, encandilada por la idea de progreso ilimitado, ha provocado el enfrentamiento del hombre con la Naturaleza, y no ha sabido advertir que el progreso está siendo logrado a costa de la destrucción del Medio Ambiente. La Naturaleza ya no es concebida como reflejo en la imagen del cuadro, sino como ambiente de vida, un ambiente hostil no muy distinto del que liga al individuo con la sociedad. La Naturaleza, además de ser objeto donde proyectar actitudes psicológicas individuales, puede serlo también de actitudes colectivas. Al menos que el pintor pueda aislarse completamente, no puede quedar al margen del estado psicológico de la sociedad en que vive.

“Para Grunewald y Altdorfer las amenazas de la vida eran reales. Sabían que la mente humana estaba llena de oscuridad (…) y pintaron un aspecto de la naturaleza que expresaban esos sombríos repliegues del espíritu”, según André Lothe. Estas formas y motivos iconográficos aparecen  también en Van Gogh o en Max Erns.

Mi pintura en esta etapa refleja esa actitud de preocupación, de cierto pesimismo. Imágenes de un mundo agitado por fenómenos naturales que avisan, tal vez, de un fin de ciclo y la posibilidad de una nueva vida.